Del latín procrastināre. Diferir, aplazar.
Procrastinar significa retrasar el momento de realizar algo. Según el diccionario de la Real Academia Española.
Recuerdo dos palabras que se pusieron de moda a raíz de la dichosa pandemia, resiliencia y procrastinar. A mi realmente me resulta procrastinante utilizarlas. No son simples de pronunciar y espero que su moda desfallezca cuando la tontería de mostrarte interesante sobre todo en redes, también desaparezca, cosa que creo, nunca pasará. O no.
Los mecanismos más lentos de cambio parecen incluir la “batalla” entre simplicidad y expresividad: queremos que nuestros idiomas comuniquen tanta información como sea posible, y además hacerlo de manera económica. Queremos que nuestros idiomas sean ricos, pero concisos. ¿Cuantas preposiciones o casos necesitamos? ¿Cuántas es mucho? ¿Cuántas formas verbales necesitamos, y cuántas filtra el cerebro? ¿Cuántos sufijos, prefijos e irregularidades pueden los niños aprender antes de que comiencen a simplificar? ¿Qué combinaciones de sonidos son fácilmente pronunciados y fácilmente entendidos?, etc
Un aspecto sorprendente del cambio y evolución de las lenguas es la influencia de la moda, e incluso de idiosincrasias individuales. A pesar de que la historia es apócrifa, algunos dicen que la pronunciación de la z en el español de Castilla se debió a que los cortesanos imitaban el ceceo de un joven rey. Párrafos escogidos de: Cambio y evolución en el lenguaje
Dr. C. George Boeree
Traducción al Español: Claudio Fuenzalida

“Con la Iglesia hemos dado, Sancho”
“La mucha conversación engendra menosprecio”
“Cada uno es hijo de sus obras”

